Tanque de oxígeno necesitaba Chivas para comenzar a curar las heridas que dejó el torneo local y que mejor medicina que una nueva incursión dentro de un torneo que suele recibir con los brazos abiertos para participar e incluso llegar a ser uno de los invitados más incómodos para el Cono Sur.
Todo comenzó en contra para el Guadalajara cuando el Deportivo Quito consiguió temprano el tanto que puso contra las cuerdas a los rojiblancos y puso de nuevo a sufrir a una afición que ha estado de frente al dolor en la naciente campaña, pero que tenía en el torneo continental la oportunidad de encontrar el resquicio de luz necesario para dejar atrás los momentos aciagos de un futbol que por su prosapia e historia no merece acariciar las tinieblas de un mal momento.
Confianza era lo más necesario para Chivas y por eso la oportunidad para Carlos Fierro, el Campeón del Mundo Sub 17 quien se entregó en cada lucha por el balón que protagonizó, momentos de desconcierto vivió Jonny Magallón el zaguero central rojiblanco, quien incluso tuvo que hacer frente al reproche de la afición, pero detrás de él, Héctor Reynoso y su empuje de siempre que no dejaba caer a su amigo, y mucho menos a su equipo rojiblanco.
Deportivo Quito mordía, presionaba y aún con la ventaja en el marcador era la sigilosa pantera que esperaba rematar a Chivas con un golpe final y la peligrosidad de sus hombres de ofensiva quienes aparecían dispuestos para volver a nublar el camino del Rebaño ahora en la Copa Libertadores de América.
Desde la misma banca tapatía, Ignacio Ambriz planeaba la mejor forma de evitar una nueva caída y realizó los cambios que creyó necesarios para mantener a Chivas en la pelea por el partido. En los minutos finales, ya con los ingresos de Alberto Medina, Jorge Mora y Antonio Salazar el Guadalajara con riñones, vergüenza y corazón vio el reflejo de su esfuerzo.
Fue Omar Arellano Riverón, Chiva desde la cuna el que corrió a rematar con la cabeza y mandó el balón al fondo de las redes para darle el ansiado gol al Guadalajara y sobre todo regresar un poco de la confianza extraviada. La unión de los jugadores tapatíos más que justificada.
Gol que liberaba una olla de presión para el Club Deportivo Guadalajara, las lágrimas de Arellano de pundonor, vergüenza, fuerza y responsabilidad, que fueron consoladas por Héctor Reynoso y Luis Michel retrataron el momento que tuvo el Guadalajara ante Deportivo Quito. Chivas podrá equivocarse, podrá fallar, asomarse a la desesperación, pero nunca darse por vencido.





