Ahí estaba de nuevo el Clásico en todo su esplendor, con toda su magia, con todos sus deseos, con toda su majestuosa historia llena de grandes e históricos partidos para hacer vibrar a más de la mitad de México porque el Clásico es para todos, para los que les gusta el futbol, para los que son indiferentes y basta una pequeña muestra, un engalanado Estadio Omnilife y dentro de la cancha los dos rivales eternos, poderosos, y populares del Futbol Mexicano.
El Clásico del Futbol Mexicano es en esta ocasión para los debutantes en esta clase de encuentros, como el timonel rojiblanco Ignacio Ambriz quien sostiene su lucha personal por ser escuchado por sus jugadores ante el inmenso estruendo de la afición que goza del partido de partidos del balompié azteca.
Es el Clásico también para el cancerbero rojiblanco Hugo Hernández, el que puede con la responsabilidad de los partidos más importantes de su equipo y el que siempre le tiende la mano a Luis Ernesto Michel en los momentos de apremio.
Es el Clásico del debutante y joven delantero del Rebaño, Carlos Fierro, quien no se amedrenta ante la corpulenta defensa de las Águilas encabezada por Aquivaldo Mosqueda, pero el pundonor y entrega del de Ahome, Sinaloa parece contener la decisión y entereza suficientes para jugar su Clásico a sangre y fuego.
América, América insiste, se engalla pone fuerza y como es habitual, en cada acción es abucheado en el sagrado templo rojiblanco, Christian Benítez percibe por fin que este no es un partido más y en cada hierro ante la portería de Hugo Hernández levanta la mirada al cielo y pide clemencia.
Marco Antonio Rodríguez, el silbante ya había negado dos goles, uno por cada bando y ahogó así el grito de gol que tanto necesitaba el duelo Chivas frente al América.
En la segunda mitad existe aún en el terreno de juego una batalla fragorosa porque el Clásico 157 necesitaba de héroes que prodigaran el nombre de su respectivo equipo y ese héroe fue de playera amarilla cuando Paul Aguilar cruzó a Hugo Hernández para marcar la solitaria anotación del cotejo
Sí Chivas duele ver festejar al América que profanó la casa, duele perder este partido, porque entre tus designios no se puede perder frente al América, pero cuando sucede, que aparezca el coraje para enfrentarlo y sobre todo hambre y deseo de esperar y tomar revancha.





