Jorge Vergara (q.e.p.d.) nos enseñó que siempre vale la pena pensar en grande. Idealista incansable, arriesgado y echado para adelante, vivió convencido de que la audacia y la constancia abren caminos. Este 3 de marzo, en el aniversario de su natalicio, lo recordamos con admiración, porque su legado proyectó a Guadalajara a la escena internacional al sentar las bases que hoy permiten a la Perla de Occidente ser sede, por tercera ocasión, de la Copa Mundial de la FIFA.
Se condujo siempre con una filosofía clara: “Entre más loco te digan que estás, más éxito vas a tener”. Ese espíritu tomó forma primero en Omnilife, que este año cumple 35 años de ser Gente que Cuida a la Gente y que marcó el inicio de una trayectoria empresarial fuera de lo convencional.
Años más tarde irrumpió en el futbol al adquirir al Club Deportivo Guadalajara, en una operación que muchos consideraron inalcanzable. Hubo escepticismo y polémica, pero para Don Jorge los imposibles no existían. Así, entre dudas de los más escepticos y sobre todo esperanza de la Nación Rojiblanca, asumió la responsabilidad de guiar a las Chivas.
Con el paso del tiempo, su ambición lo llevó a imaginar una nueva casa para el equipo más popular y querido de México: un recinto a la altura de su grandeza, un ícono arquitectónico para la Perla Tapatía y un espacio para el disfrute de las familias Rojiblancas. Soñó con un estadio capaz de albergar partidos de una Copa del Mundo… y lo construyó. Hoy, el Estadio AKRON se alista para recibir cuatro partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
La Casa de los Mexicanos está hecha de concreto y acero, pero también de perseverancia, valentía y visión de futuro. Es la prueba tangible de que cuando se cree sin miedo y se trabaja “un día sí y el otro también”, los sueños (por imposibles que parezcan) se cumplen.
El legado de Jorge Vergara permanece vigente y firme. “Lo intentó y lo logró”, así quería ser recordado. Y a 100 días del inicio de la justa mundialista, su huella es imborrable: marcó a las Chivas, transformó a Guadalajara y dejó una señal inequívoca de que atreverse vale la pena.





