Siempre existe un día luminoso, radiante, divino, el que marca retomar lo que se sabe hacer y alejarse de las nubes que oscurecen el panorama. El día repleto de la dulzura de la victoria y Chivas sabía que era ahora o nunca, frente a unos Pumas, que venían a la Perla Tapatía con la firma convicción de romper un maleficio que durante 31 años ha perseguido, tanto en el Estadio Jalisco, como en el Estadio Omnilife, ese que dicta la UNAM tiene prohibido sacar un triunfo en el imponente palacio rojiblanco.
El partido pareció cumplirle la promesa al Rebaño de que para esta vez todo sería distinto, nítido, y sobre todo con aroma de triunfo, sobre todo cuando Rafael Márquez Lugo apareció con codicia para superar incluso a rivales y compañeros para anotar el gol de la ventaja y vencer al guardameta universitario Alejandro Palacios y colocar el 1-0 en el marcador.
La parcialidad rojiblanca recibió la anotación como un bálsamo rejuvenecedor y puso la garganta a trabajar en pos del anhelo unitario del triunfo, aunque también en las alturas del Estadio Omnilfe estaba un ruidoso ¡Goya¡ que intentaba echar a perder por momentos el gratificante arranque del Rebaño.
“Hoy hay que ganar rojiblanco” era el grito de guerra en la cancha del Estadio Omnilife y era así por orgullo, vergüenza, amor propio, por el alma misma en rojo y blanco que clamaba por el momento en el que toda su estirpe debe resurgir, renacer de una tradición llamada Chivas que en México es imborrable.
Para obtener el triunfo Chivas estaba avocado a pelear y lo estaba haciendo, palmo a palmo con unos Pumas heridos, pero que en esta ocasión al Rebaño si algo le sobraba eran deseos y hambre de triunfo, de alegría, de gol y de satisfacción para los millones de seguidores que continúan su idilio con los colores rojo y blanco.
El Rebaño lo entendió perfecto, pundonor, corazón, agallas, y futbol, divino futbol con el que siempre existe oportunidad de reconciliación. Al final del silbatazo final del silbante Jorge Isaac Rojas, los tambores y cantos de dulce victoria aparecieron en la cancha del Estadio Omnilife y para Pumas la sentencia parece eterna, el territorio rojiblanco es sagrado y el Guadalajara obtuvo su en la fresca noche tapatía su anhelada estancia en la tierra prometida del triunfo.






